Texto curatorial

FABULAR UN MUNDO DIFERENTE

Curaduría: Blanca de la Torre

Artistas participantes: Basurama, Luna Bengoechea Peña, Alán Carrasco, Carma Casulá, Jorge García, Ruth Gómez, Elena Lavellés, Glenda León, Isidro López-Aparicio, Lucía Loren, Anna Moreno, Xavi Muñoz, Avelino Sala, Miguel Sbastida, PSJM, Juan Zamora.

La crisis climática nos ha situado en un punto de inflexión en que el fallo de los relatos del paradigma occidental nos obliga a repensar las viejas narrativas detrás de un sistema hegemónico ecocida que se ha revelado como insostenible.

Un cambio sistémico global pasaría por una transformación en la cosmovisión, para lo cual impera repensar las bases culturales de una sociedad capitalista, colonial y heteropatriarcal como la nuestra, tres factores que han ido de la mano del deterioro del planeta.

Solo emprendiendo ese giro que atañe a la hegemonía cultural –nos recordaba Antonio Gramsci que por medio de la hegemonía cultural un modelo se adueña del modo en que entendemos el mundo– podemos generar las nuevas subjetividades que nos hacen entender en qué punto nos encontramos y hacia dónde nos queremos dirigir.

De este modo, la crisis ecosocial a la que nos enfrentamos se presenta como un desafío cultural cuyo punto de partida ha de ser una permutación de los relatos. Para abordar semejante tarea, ese cambio de cosmovisión necesario ante el actual fracaso civilizatorio, no tenemos por delante un trabajo de recomposición, que implicaría el de aceptación de una situación anterior ejemplar, sino una tarea de construcción ex nihilo.

La pandemia nos muestra dos caras de la misma moneda. Obviando deliberadamente la parte negativa por todas y todos conocida, se sitúa en el otro lado la relativa a un momento de cambio, en una suerte de espacio temporal diferente donde al mismo tiempo que los problemas se multiplican, lo hacen también la soluciones y alternativas.

En su ensayo A Paradise Built in Hell, Rebecca Solnit[1] estudia algunos casos de grandes desastres, desde el terremoto de San Francisco de 1906 a la inundación de Nueva Orleans en 2005, para señalar que, a pesar de que no hay nada intrínsecamente positivo en un desastre, sí es notorio que las crisis son el detonante de un alto grado de altruismo y solidaridad, y en ningún caso a un colapso de la civilización, como se anuncia a menudo.

En esta línea de pensamiento, el proyecto se alinea con esa tónica propositiva, donde el elemento de crítica sirva para repensar el planeta desde la ecodependencia e interdependencia que nos encamine a la construcción de alternativas diferentes y, en definitiva, a un lugar mejor.

Estructura

La exposición se estructura en cuatro sectores: Oikos, Archerion, Sympatheia y Novotopias, que se sugieren para emprender la construcción de esta nueva cosmovisión.

A través de una trama de subnarrativas se ofrece una visión multifocal y poliédrica de los grandes retos que tenemos sobre la mesa en torno a la crisis ecosocial, tales como la pérdida de biodiversidad, soberanía alimentaria, descarbonización, escasez de agua, el uso de recursos fósiles, los modos de consumo insostenible, y muchos otros.

Oikos se centra en un análisis de algunas de las problemáticas medioambientales que amenazan el planeta y apela a revisar el sistema de valores humanos que nos ha llevado a esta gestión del planeta, y a partir de aquí, tratar de revertir esas formas descontroladas de gestión antrópica sobre nuestro oikos se presenta como una alternativa donde el arte puede jugar un papel para detener la “guerra contra la vida”, que diría Yayo Herrero. La socióloga señala esa tensión estructural entre la forma en que hemos gestionado nuestra economía y los propios límites del planeta, apuntando al pecado original de nuestra cultura: la fractura entre naturaleza y seres humanos.

En la sección Sympátheia se aborda otro de los pilares del cambio: el que correspondería a cuestionar la visión antropocéntrica que ha invisibilizado los espacios de otras especies. La ecofeminista Val Plumwood[1] señala cómo el antropocentrismo y el androcentrismo en particular, están vinculados por la concepción racionalista del yo humano como masculino y por la explicación de las características, auténticamente humanas, centradas en la racionalidad y la exclusión de sus opuestos (especialmente las características consideradas femeninas, animales o naturales) como menos humanos. Para hacer frente a dicho antropocentrismo, las teorías posthumanistas se centran en la criticidad de los dualismos que asumen un dentro y fuera de la naturaleza. Una de las tareas de las prácticas artísticas ha de ser promover modos igualitarios de colaboración entre humanos y no humanos, centrando la atención en la coexistencia de múltiples especies.

Para comprender la crisis ecosocial es imprescindible analizar el pasado.  Bajo el título Archerion, el tercer capítulo investiga algunas problemáticas ecológicas desde el análisis histórico y de archivo, con el fin de visibilizar sus componentes políticos, económicos y especialmente coloniales asociados al cambio climático y el deterioro del planeta. Salen a la luz aspectos propios de un protocapitalismo promotor de conductas como la “acumulación por desposesión”[2] señalada por David Harvey y otras prácticas de “violencia lenta”[3] propias del imperialismo corporativo. Del mismo modo se apela a una tarea de revisión y recuperación de la memoria histórica ecológica y así como de la preservación de conocimiento tradicional.

Novotopias habla de la necesidad de encontrar nuevas formas para renegociar la memoria colectiva del presente, en consonancia con la posibilidad de una memoria futura. Abordar el giro copernicano tan necesario en este momento requiere dibujar una visión o visiones del lugar a donde nos gustaría llegar. La idea detrás de este apartado es ofrecer propuestas, alternativas o posibilidades en la construcción de ese otro mundo diferente. Para crear cambio es necesario pre-imaginarlo.

Ninguno de estos bloques se entiende como categoría taxonómica, sino en interrelación con los demás. Debido a motivos de espacio, algunos de los artistas presentan su obra en formato digital, a través de una pantalla en la que se puede consultar la exposición virtual.

Criterios de sostenibilidad

Con el fin de realizar un proyecto coherente con el planteamiento teórico y en línea con otros proyectos desarrollados por la curadora, la producción de la exposición ha ahondado en la búsqueda de otros modos de consumo cultural más éticos. Por ello, se establecieron unos parámetros de sostenibilidad para reducir al máximo la huella ecológica del proyecto.

Se trata de una exposición carbono cero en transporte, que apuesta por lo local, con la producción de todas las obras in situ realizadas con materiales de cercanía y kilómetro cero para evitar emisiones y fomentar el tejido productivo y comercial autóctono. Se han utilizado materiales y procesos ecológicos para ello, evitando el uso de contaminantes y buscando la cercanía y la colaboración con el contexto.

También se han evitado los materiales contaminantes, optando por los biodegradables y aquellos del propio entorno, como el papel de caña de azúcar, la madera local, plantas y ramas autóctonas, etc. Se ha adoptado la reutilización, la recuperación y el upcycling como parte intrínseca del proyecto expositivo.

De este modo, el proyecto en su conjunto funciona como una matriz que se va adaptando a cada uno de los contextos e idiosincrasias de los diferentes lugares en que se va desarrollando la exposición. Esto permite que, por ejemplo, el mismo proyecto esté teniendo lugar de manera simultánea en los Centros Culturales de España de Costa Rica y El Salvador y en Yaku Parque Museo del Agua de Quito, Ecuador.

Dentro de este enfoque de curaduría sostenible, es importante señalar que no se trata de limitar, sino de reorientar y cambiar los modos de producir y consumir cultura, con el fin de ofrecer una reflexión sobre los modos posibles a la hora de enfrentarse al momento presente, mostrando una aproximación desde el arte como un modo de posicionarse y proponer un futuro más habitable, justo y sostenible.

[1] Rebecca Solnit (2010). A Paradise Built in Hell: The Extraordinary Communities that Arise in Disaster. Londres: Penguin Books.

[2] Val Plumwood (1991). “Naturaleza, Yo y Género: Feminismo, Filosofía medioambiental y crítica del Racionalismo” en Agra, Ecología y Feminismo, Granada: Comare.

[3] David Harvey (2205). El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión. Buenos Aires: CLACSO Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, p. 18.

[4] Rob Nixon (2013). Slow Violence and the Environmentalism of the Poor. Cambridge, Massachusetts y Londres: Harvard University Press, p. 2.